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Historias de DOS

El amor en tiempos de independencia


Febrero tiene una esencia especial. Como un perfume suave con toques afrutados que anuncia el preludio de la primavera y la celebración efusiva del amor a pesar de los últimos resquicios de frío. Durante este mes hemos podido observar escaparates repletos de corazones, rosas variopintas y frases de amor repartidas en redes sociales.

Hay algo bonito en ello, en hablar sobre el amor, compartir historias y leer frases y poemas en los que es fácil sentirse representado. Incluso si no estás enamorado puedes disfrutar de esa vibración cálida en el ambiente que es de alguna manera reconfortante.

Para este mes, tuvimos claro que el amor iba a ser uno de los grandes protagonistas del contenido de DOS, porque el amor, es una de las razones por las que se construyó este proyecto. El amor por la vida, el arte, por las segundas oportunidades y la gente que nos rodea e inspira cada día.

El otro día, mientras trabajábamos, hablábamos precisamente sobre el impacto que un enamoramiento podía tener en una persona. ¿Cuántas obras, poemas y canciones se habían compuesto exclusivamente en base a un sentimiento? ¿A una experiencia fugaz pero terriblemente profunda?

Entre conversaciones, terminamos debatiendo sobre el peligro de mitificar el amor o más bien, de pensar que el amor o tener pareja era sinónimo de felicidad. Cómo eso se podía traducir en que estar solo puede ser incómodo, porque a pesar de ser feliz y tener éxito, si alguien no tiene pareja tendemos a imaginar que esa persona no está completa.

La soledad sigue siendo ese pequeño estigma molesto que provoca más de un quebradero de cabeza. A veces nos obsesionamos tanto en encajar en un molde que buscamos todos los elementos que se supone que como adultos nos harán felices, como un buen trabajo, un coche reluciente y una relación estable.  

No podemos obviar que los humanos somos seres sociales y entablar relaciones sólidas con nuestro alrededor forma parte de nuestro ADN y nos ayuda a construir el rompecabezas que es la vida. Pero estar solo, por decisión o por circunstancias, no es un sinónimo de fracaso o de anormalidad. Aunque suene contradictorio, estar solo es la mejor manera de poder pasar tiempo con uno mismo. De pensar, disfrutar y simplemente reconectar otra vez y decidir qué es lo que queremos para nuestra vida.

Muchos de nosotros probablemente nos consideremos independientes y creemos que somos capaces de hacer cualquier cosa por nuestra cuenta. Sin embargo, y eso es de lo que terminamos debatiendo, hay muchas cosas que dejamos de hacer de manera inconsciente por vergüenza a hacerlo solos.

Pensemos, por ejemplo, en el cine. Seguramente has ido con más o menos frecuencia al cine a lo largo de tu vida, pero, ¿alguna vez has ido por tu cuenta?

En algún momento del pasado he perdido la ocasión de ver una película porque nadie más quería verla o porque por cuestión de horarios y fechas no podía ir acompañada. Y aunque se me pasó por la cabeza ir sola, terminé retractándome, justificándome en que tampoco era “tan importante”.

Y aunque hablo desde una perspectiva personal no conozco a nadie que lo haya hecho y me parece curioso. Vamos desechando ideas y planes porque no queremos ser vistos como extraños. Nos incomoda ser diferentes, aunque sea en ocasiones puntuales.

Terminamos por darnos cuenta esa mañana, entre papeles y horarios, de que hemos llegado a un punto peligroso en el que romantizamos tanto la compañía que el no tenerla conlleva perder momentos que nos apasionan, e incluso, puede provocar que nos rodeemos de personas que no contribuyen a nuestro bienestar.

Hay una frase del filósofo alemán Friedrich Nietzsche que resume espléndidamente este argumento.

“Mi soledad no depende de la presencia o ausencia de las personas; al contrario, odio a quien roba mi soledad sin, a cambio, ofrecerme compañía de verdad”

Hay que amar, pero amándose primero bien a uno mismo. Con nuestras ideas, gustos e idas de cabeza. Si algo hemos aprendido este año es que la vida puede cambiar de un momento a otro y hacer lo que nos hace felices y vivir en base a lo que creemos es indispensable.

Ojalá algún día lleguemos a aprender a vivir sin miedo, con ganas y sin importarnos las críticas. La soledad no debería dar miedo, porque en si misma es un proceso para disfrutar de aquello que nos apasiona, aunque nadie nos acompañe. Disfrutar de un paseo con música, viajar por tu cuenta o ver una película que te encanta debería ser algo rutinario. Convirtamos el miedo en una oportunidad.

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Queremos ser independientes, pero seguimos temiendo a la soledad. Y seguimos sin entender que uno retroalimenta al otro y que no se puede ser plenamente libre sin saber tomar decisiones solo.