logo dos second chances blanco

Lo que nO sabes!

Haciendo más con menos

Estamos en el siglo XXI, a puertas de la década de los veinte, pensando y actuando como si estuviéramos dándole la bienvenida a una nueva década, pero del siglo pasado. Si comparáramos estos dos momentos de la historia ¿que visualizaríamos? ¿Qué diferencia tendríamos entre hoy y hace 100 años? ¿En que realmente hemos avanzado? A simple vista en velocidad. Todo debe ser para ¡ya! sin saber por qué y para qué.

La falta de conocimiento que tenemos sobre el sector textil es enorme. Sin embargo, no es nuestra culpa. La forma en la que se ha ido desarrollando esta industria ha sido bajo las circunstancias que la sociedad ha ido teniendo con el tiempo. Si analizamos en que momento empezamos a equivocarnos con nuestro entorno y el medio ambiente, comprenderíamos un poco más en que hemos ido fallando. La forma en la que hemos ido “evolucionando” ha sido a través de resolver necesidades inmediatas, sin darnos la oportunidad de pensar cuales son las consecuencias y efectos futuros de cada cosa que desarrollamos o implementamos. Somos fieles creyentes de que cometer errores deja grandes aprendizajes y muchos de ellos son necesarios. Somos una raza perfectamente imperfecta y eso nos hace diferentes frente a las distintas especies con las que compartimos este ecosistema. Está claro que muchos de estos errores que hemos ido cometiendo a través del tiempo nos ha costado recursos incalculables e irrecuperables. Tanto que ha costado hasta la vida misma de miles seres indefensos. La revolución industrial tomo pasos agigantados para resolver necesidades inmediatas, enfocándose a ser independiente, competitiva, controladora y lineal. En consecuencia, sus resultados no han sido los más alentadores. A pesar de ser parte de este sistema veloz con escasos frenos, estamos en el momento de tomar acción como individuos conscientes en las decisiones que enfrentamos día a día, enfocándonos hacia acciones colaborativas, dinámicas, diversas, reciprocas, sinérgicas, circulares y sostenibles en el tiempo.

Cada vez que compramos una prenda a nuestro ecosistema le cuesta 1,3 árboles. El sector textil emite el 8% de las emisiones de carbono a nivel mundial. Detrás de cada marca reconocida internacional, el 90% son mujeres que trabajan en condiciones desfavorables. Y para rematar, confeccionar una simple camiseta de algodón de 250 gramos de peso se requieren unos 2.700 litros de agua aproximadamente. Considerando esto, en España se producen 900 mil toneladas de residuo textil al año. Entonces ¿qué estamos haciendo y qué estamos pensando? ¿cuál es el valor que le estamos otorgando a cada prenda que obtenemos?  La individualidad, el egoísmo y el desconocimiento nos está haciendo pagar un precio muy alto. Posiblemente el precio que asumiste por capricho de tener la t-shirt de moda de la temporada ni siquiera cubre toda la cadena de valor que esta conlleva, puesto que el coste, seguramente, lo estén asumiendo los más vulnerables de esta secuencia.

No conocemos a ciencia cierta cómo hemos llegado a esto, ni como se nos ha ido escapando de las manos rápidamente. Nadie se ha puesto a trabajar en base a un objetivo destructivo y negativo para el entorno. Todo lo contrario, de alguna forma u otra están en la búsqueda de  prosperar en cada idea o proyecto que se pone en marcha. Pero el gran conflicto al que nos estamos enfrentando es que todo está siendo concebido bajo valores erróneos, donde la ganancia es individual y esto se convierte en una gran ironía, ya que el ecosistema trabaja y actúa de forma grupal. Es por esto que debemos empezar hacernos preguntas honestas y sinceras cuando de comprar se trata. O bueno no solamente a la hora de comprar, también a la hora de actuar en todo lo que comprende nuestro entorno. De que nos sirve estar llenos de mil cosas nuevas, cuando el tiempo para disfrutar cada vez es más limitado y peor aún, el vacío cada vez es más fuerte porque nos hemos desconectado de lo que realmente disfrutamos. Nos hemos convertido en adictos de lo que más detestamos y lo que más disfrutamos simplemente lo condenamos.

¡Nothing is free nothing is cheap!